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Viernes, 14 de diciembre de 2012
Asociación Rexurdir
Asociación Rexurdir Declara de Utilidad Pública (DOGA 196, 15/10/2012)

 

Es habitual escuchar que la indigencia tiene muchas caras, y que cada tipo de marginado posee características muy diferentes. Sin embargo, las causas de necesidad son siempre semejantes. Las personas con problemas sociales son trabajadores mayoritariamente eventuales que más que en la pobreza viven en la inestabilidad (con ingresos irregulares y no fijos), lo que les conduce a una mala alimentación, a un riesgo mayor de enfermedades físicas y psíquicas y a una menor esperanza de vida. Estos sectores tienen dificultades para corregir defectos de nacimiento (por ejemplo, retrasos en el lenguaje o en la comprensión verbal), acuden a escuelas de estándar académico inferior y nunca llegan a la enseñanza media ni a las escuelas profesionales de calidad. Padecen un índice elevado de fracaso escolar, manifiestan un gran número de conductas desviadas, mayor delincuencia juvenil y sufren en mayor medida que los demás el desempleo y el peso de la justicia.

Son muchos los sociólogos, periodistas y filósofos que consideran que el origen de todos estos males es la miseria económica. No es cierto. Las verdaderas causas de la marginación no son monetarias sino socioculturales. Entre ellas destacan los trastornos de la institución familiar menor estabilidad, lo que provoca una mala socialización primaria), los cambios en la situación global del país, la causa del desenvolvimiento (dejando obsoletos ciertos sectores y perjudicando a las personas que vivían de ellos o a los jóvenes no preparados para los nuevos tipos de trabajo), los hogares monoparentales (resultan muy satisfactorio dedicarse a los hijos y al mismo tiempo a un trabajo a tiempo completo), la inmigración (con dificultades de adaptación), y finalmente, el ambiente de riqueza fácil y de consumo como estilo de vida que incita a tener dinero para poder participar de algo que se considera imprescindible. Tampoco debemos ignorar que la misma dinámica de la modernidad fomenta el individualismo y la insolidaridad.

Las políticas estatales no dieron demasiado resultado a la hora de tratar este problema. El mal de estas políticas es doble: por un lado suelen iniciarse no a petición de los marginados sino de la sociedad integrada, que los mira como algo peligroso, por otra parte, se preocupan únicamente por el volumen de gasto que implica el fenómeno y no por el rendimiento social de dicho desembolso. En fin, queda claro que la solución pasa por una reformulación del problema y es por esto que, día a día, se comprueba lo imprescindible de actuaciones como las que realizan los Planes Comunitarios, no centrados en aspectos exclusivamente económicos sino en cuestiones de formación, integración, implicación social, y alojamiento de la delincuencia y de las toxicomanías.

El Plan Comunitario de Incorporación Social de Marín de la Asociación REXURDIR es hoy, por todos estos argumentos, un componente  insustituible de la vida marinense, y nos felicitamos por ello. En pocos años nuestra comunidad lo reconoció  como parte esencial do su sistema catalizador, como un ente amigable, abierto a propuestas y generador de utilidad.

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